Día Mundial de la Poesía: celebrando el arte de sentir con palabras

Giuliana Fonseca

3/21/20263 min read

black alphabetical wall decor

Cada 21 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Poesía, una fecha proclamada por la UNESCO con el propósito de resaltar el valor de la expresión poética como una forma de preservar la identidad cultural, fomentar la creatividad y fortalecer la comunicación entre los pueblos.

La poesía, considerada una de las formas más antiguas de arte, ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes. A través de versos, metáforas y ritmos, ha sido capaz de transmitir emociones profundas, denunciar injusticias, narrar historias y dar voz a quienes no siempre son escuchados. En un mundo cada vez más acelerado, esta forma de expresión invita a la pausa, a la reflexión y al encuentro con lo esencial.

El Día Mundial de la Poesía no solo celebra los grandes poetas reconocidos a lo largo de la historia, sino también a todos aquellos que viven por la escritura, creando su propia voz entre letras.

En escuelas, universidades y espacios culturales, se realizan actividades como recitales, concursos y talleres que buscan acercar la poesía a las personas, especialmente a los jóvenes.

Además, esta fecha destaca la importancia de preservar las lenguas en peligro de extinción, ya que la poesía es una herramienta clave para mantener vivas las tradiciones orales y culturales de distintas comunidades alrededor del mundo.

En la actualidad, la poesía también ha encontrado nuevos espacios en plataformas digitales, donde miles de usuarios comparten sus escritos, creando comunidades virtuales que mantienen viva esta forma de arte. Así, los versos continúan evolucionando y adaptándose a los cambios sociales y tecnológicos.

Sin embargo, la poesía no es únicamente un conjunto de palabras bonitas o rimas agradables. Es un arte profundo que nace de la sensibilidad humana, capaz de expresar lo que muchas veces no puede decirse de forma directa. En cada poema habitan emociones, experiencias y pensamientos que invitan a interpretar, cuestionar y sentir. Más allá de su estética, la poesía es una forma de comprender el mundo y de conectar con lo más íntimo del ser humano.

Celebrar el Día Mundial de la Poesía es reconocer el poder de las palabras para transformar realidades, inspirar cambios y unir corazones más allá de las fronteras. Es, en esencia, una invitación a leer, escribir y sentir la poesía como parte fundamental de la vida cotidiana.

Habitar en el vacío,

no como un lugar,

sino como un umbral:

un estado suspendido, frágil y quebradizo

al que llegan las marcas de lo perdido

El espacio es oscuro, casi desierto,

construido con restos agrietados de lo incierto.

Donde cada sombra contiene capas de memorias

Nada está completo.

Nada termina de irse.

Cada borde conserva la huella

de una herida reciente

que persiste latente,

Un rostro que no grita.

Permanece.

Avanza aún con los ojos entreabiertos

aprendiendo a mirar desde lo no resuelto

dentro de una vigilia espesa,

que lo cubre cada rincón y no cesa

donde el tiempo se vuelve una eterna espera,

donde respirar parece un acto aprendido

y cada inhalación posee un suspiro escondido

en el que desaparecer es una tentación muda

que parece la única forma de aliviar al ser

aunque implique ceder.

El reflejo no devuelve identidad,

muestra la fragilidad.

La imagen se quiebra en finas capas:

lo que fue,

lo que falta,

lo que insiste en quedarse

aunque ya no deba resguardarse

El dolor no estalla:

resuena.

Habita la superficie,

golpea desde adentro,

pone a prueba la fe

en el tiempo

y en su movimiento lento.

Umbral del vacío

Poema por: Anabella Soza

El silencio pesa en la composición,

como si cada fragmento supiera

los secretos del vacío.

Ocultarse no borra la herida:

la integra,

la vuelve estructura.

Hasta la luz parece tenue y cansada,

y la sombra se vuelve alargada

el aire cargado,

la ausencia de luz

el invierno asentado.

Los recuerdos no aparecen como escenas,

sino como una oscura densidad,

como material que no sabe dejarla en paz.

Y aun así, algo permanece.

No la ausencia,

sino la tensión.

La decisión de no cerrarse,

De intentar aferrarse,

de permitirle al tiempo integrarse

sin dejar que todo vuelva a quebrarse.

Porque continuar —

incluso inmóvil—

viviendo con heridas

también es una forma de valentía.